Mujeres en moto: de princesita pasiva a líder del asfalto

Mujeres en moto

Mi manifiesto igualitario: de princesita pasiva a líder del asfalto.

¿Eres una de esas mujeres en moto que realmente rueda, o una mujer que simplemente espera a ser rescatada?

Estamos en marzo, y mientras las redes se inundan de discursos románticos sobre el «valor» de la mujer, yo prefiero hablar de algo mucho más crudo y honesto: la responsabilidad en la ruta. Porque he aprendido que ser piloto no es una cuestión de derecho o de cuota de género; es una posición que se asume con todas sus consecuencias. Hay una gran diferencia entre subirte a una moto para la foto y tener la verdadera capacidad de sostener tu propia ruta y la de quienes te acompañan.

El falso «alto valor»: una trampa color rosado

Últimamente, el concepto de «mujer de alto valor» me incomoda. En redes sociales, se nos vende la idea de una mujer inalcanzable que exige un hombre con una lista interminable de requisitos: profesional, exitoso, protector, que pague la cuenta y que, por supuesto, la lleve. Pero, ¿qué estamos ofreciendo nosotras a cambio? Tristemente, muchas veces solo ofrecemos nuestra presencia, como si nuestro género, y siendo más directa, nuestro cuerpo, fuera moneda de cambio suficiente.

Dentro de la comunidad de mujeres en moto, veo a chicas felices de irse con el de la moto de alta cilindrada, pero van ahí atrás, en una pasividad absoluta. No saben ni subirse a la moto, no saben si la moto puede pasar por un terreno, no saben dar un aviso de peligro y ni siquiera se les ocurre aportar para la gasolina. Viven con la etiqueta de «princesas» que no hacen nada, y se enorgullecen de su pasividad como si tener a alguien que les resuelva todo fuera el máximo nivel de éxito femenino.

Y aquí va el primer jalón de orejas: si no haces nada, nada va a pasar en tu vida. Muchas mujeres en moto viven con la idea autoimpuesta de que son nerviosas, frágiles y que no podrán, dejando pasar la oportunidad de probar la conducción que en secreto sí desean. ¿Miedo a las caídas? Eso lo tenemos todos (insertar enlace interno aquí hacia algún post tuyo sobre superar miedos o caídas previas). No es algo de mujer; todo principiante (y avanzado) teme caer y dañar la moto, pero eso es parte del proceso. No dejes que un miedo universal se convierta en una etiqueta de género.

El mito de la fuerza y la estatura

Uno de los obstáculos más grandes que nos repetimos es: «Es que no soy tan fuerte» o «Es que soy muy bajita». Déjame decirte algo: las motos no se cargan, se llevan con técnica. La fuerza física e incluso la altura no son fundamentales para la conducción; la inteligencia técnica sí lo es, y esto es clave para todas las mujeres en moto.

No busques lo que parece fácil, busca lo que te dé el control. Tu estatura no determina tu capacidad de mando, tu disciplina para aprender técnica sí. Y ojo, con esto no me refiero a que tengas obligadamente que conducir; es tu decisión estar donde te haga feliz, ya sea en el asiento de mando o detrás, pero nunca desde la pasividad. Si eliges ser copiloto, involúcrate: conoce tu moto, entiende el equipo biker y los riesgos (insertar enlace externo aquí hacia alguna tienda de equipo biker o marca de cascos recomendada). Tú debes saber qué equipo requiere un motociclista; no esperes que te lo den, exige protección o, mejor aún, lleva tu propio equipo biker y no el prestado que a veces ni te queda.

Defendiendo al «caballero»: la carga invisible y la presión social

Soy una de las mujeres en moto que rueda solo en dos modalidades: sola o llevando un copiloto hombre. Debido a esto, a menudo recibo mensajes de hombres que me dicen que ellos sí me «valorarían», que ellos me llevarían y jamás permitirían que yo condujera. Cuando ven a mi Copiloto, lo subestiman inmediatamente. Sienten que su valor como hombre disminuye por el simple hecho de ir atrás.

Y aquí es donde me pregunto: si el valor de una persona disminuye por el simple hecho de ir en el asiento trasero, ¿qué sucede con todas las mujeres copiloto? ¿Acaso su valor también es menor por no llevar el mando, o es que esa regla devaluatoria aplica mágicamente solo para los hombres?

A diario me escriben diciendo que mi Copiloto debería conducir, que él debería llevarme o que incluso debería tener su propio canal de contenido. La presión social que le llega es inmensa, pero él sabe que no quiere dejar de ser él mismo. Nunca veo que se presione a los chicos para que su chica conduzca, pero sí se ve mal que ellos reciban cuidado y esfuerzo de nuestra parte.

¿Por qué no cuidarlos a ellos? Se vale que nosotras sudemos y ellos disfruten de los beneficios. Se vale invertir los papeles, porque eso no es solo un beneficio para ellos, es la máxima expresión de nuestra libertad y responsabilidad como mujeres en moto. Es increíble tomar el mando, aunque cueste y canse más. Date la oportunidad de explorar y decidir cuál será tu puesto por elección, no por imposición.

A quienes le llaman despectivamente «princeso» o cuestionan su hombría por ir atrás, les digo una realidad que les cuesta tragar: un hombre seguro de sí mismo no se intimida ante el liderazgo de una mujer. Y para los que juran que, a la hora de levantar la moto cargada o cambiar una llanta ponchada en medio de la nada, es él quien se ensucia las manos, lamento decepcionarlos. Mi moto, mi carga, mi talacha. Somos un equipo, pero mi independencia no es un mito de redes sociales; yo mantengo mi máquina. Y así como me han tendido la mano, yo también he levantado motos que otros dejaron caer. Como anécdota hace tiempo en medio de un rally, encontré a un piloto exhausto peleando contra el fango tras varios minutos de intentar levantar su moto. Muchos pasaron de largo ignorando su desgracia; al final, mi ayuda —»femenina» o no— fue lo que lo sacó de ahí. Apenas y logramos levantarla juntos. ¿Era yo más fuerte que él? Para nada. Pero conocía la técnica y tuve la voluntad de detenerme. Cuando estás en el suelo y necesitas ayuda, el género de la mano que te levanta es lo de menos.

De anécdotas, espejos y el morbo del error

Cuando rompes el orden establecido, la incomodidad ajena se disfraza de humor o de descrédito. Uno de los videos que más conocida me hizo fue, irónicamente, uno donde tuve una caída. El morbo universal de ver la falla se viralizó en cuestión de horas. Los comentarios fueron un reflejo perfecto del sesgo que enfrentamos: nadie se detuvo a ver los videos donde completaba rallies, hacía acrobacias o cruzaba países enteros sin inconvenientes. Lo que vieron se redujo a «una mujer cayendo en moto». Incluso hubo quienes empatizaron con el «pobre hombre dueño de la moto», inventando historias de que yo había dañado el vehículo de alguien más, porque para muchos, la idea de mujeres en moto siendo dueñas absolutas de su vehículo es impensable.

Pero no. La moto era mía, el error fue mío y la caída fue mía. Y siempre lo digo: me caí por tonta, por equivocarme, no por mujer. Me caí por errores humanos de los que todos somos parte. Me caí por salir de mi zona de confort, me caí por intentarlo. ¿Sabes dónde no me caería? En mi cama durmiendo. Vivir es maravilloso, pero también tiene sus riesgos; tomar el mando implica también aceptar esos riesgos y aprender de ellos.

Ese mismo sesgo aparece en situaciones cotidianas. Hace un tiempo estaba en una tienda de artículos de campamento buscando una nueva colchoneta para la ruta. Mi Copiloto y yo buscábamos activamente una opción; encontramos una muy buena pero era muy grande. Mi Copiloto mencionó que no nos funcionaba para la moto por el tamaño, buscábamos algo más compacto. El vendedor soltó una broma a mi Copiloto diciendo: «pues fácil, bájala a ella de la moto y ya cabe la colchoneta». Nos miramos con complicidad. Volteé y le dije: «Yo soy la piloto, me parece buena tu idea, voy a bajar a mi Copiloto«. Copiloto sabía que no era un ataque hacia su persona; simplemente estábamos reestructurando en voz alta un pensamiento que suele desechar a la mujer por defecto. Pero cuando volteé los papeles, la risa del vendedor se cortó de golpe. Dejó de ser gracioso cuando el «descartado» era un hombre. Ese silencio es el sonido de un pensamiento antiguo rompiéndose.

Y cuando llegamos al Fin del Mundo, hubo quien cara a cara frente a mí, me insinuó desviando mi mirada y dirigiéndose solo a mi Copiloto asegurando con complicidad que «en cámara yo manejaba para posar para el video, pero todos sabíamos que al apagar la grabación intercambiábamos lugares y el que conducía era él». Por supuesto que me molestó, pero no lo sentí como un ataque personal. Me dolió más el cliché limitante instaurado en ese pensamiento, como si llegar hasta allá siendo parte de las mujeres en moto solo pudiera ser logrado con trampas. Me costó trabajo llegar, ¿sí? ¿quizás más que al promedio? tal vez, pero ahí estaba yo: la prueba viviente de que era posible. Hay quienes no soportan que el éxito sea real, porque eso les obliga a aceptar que la capacidad no tiene género.

A los que creen que una caída define mi nivel o que las mujeres que creamos contenido solo agarramos el manillar para la foto: los miles de kilómetros recorridos, el clima en la cara y las fronteras cruzadas no se pueden fingir al apagar la cámara. Y no nos hagamos tontas: es verdad que hay chicas —y conozco a varias— que efectivamente solo encienden la moto para la foto. Ese falso empoderamiento es exactamente lo que quiero destruir con este manifiesto, no propaguemos esa idea, porque borra de golpe lo que las verdaderas mujeres en moto estamos construyendo y es lo contrario a lo que queremos mostrar. Se vale posar frente a tu máquina con un look coqueto para Instagram, claro que sí, pero el show debería terminar ahí. En la carretera no somos poses, somos pilotos, y debemos actuar y vestirnos con la responsabilidad que eso exige.

Los niveles del camino: ¿hacia dónde estás escalando?

Para dejar de ser carga y convertirte en equipo, hay que entender en qué nivel estamos paradas las mujeres en moto. Ser una buena motociclista (piloto o copiloto) es escalar en responsabilidad:

  • Nivel A: La copiloto pasiva. No opina, no aporta y espera que le resuelvan la existencia.
  • Nivel B: La copiloto activa. Avisa de peligros, entiende la ruta, aporta en los gastos, exige y porta su equipo, sabe distribuir su peso para no dificultar la conducción del piloto, conoce lo básico de la moto aunque no la conduzca.
  • Nivel C (Piloto de reserva): La copiloto capacitada. Ha tomado cursos, aprendió mecánica básica y es capaz de conducir la moto si es necesario. Aunque ruede detrás, su conocimiento la convierte en un respaldo técnico y logístico vital para la ruta.
  • Nivel D: La piloto con escolta. Tiene la moto, pero ante un río o un tornillo flojo, se bloquea y espera el rescate, no conoce nada de la moto o simplemente no le interesa, no sale si no es con apoyo grupal y escolta masculina.
  • Nivel E: La piloto independiente. Se ensucia las manos, asume sus gastos y rueda sin necesidad de acompañamiento constante, resuelve los problemas de ruta y cuando va en grupo rueda como uno más sin esperar preferencias.
  • Nivel F (El liderazgo real): La mujer al mando. Es el pilar del equipo. Provee seguridad, conducción y conocimiento técnico. Puede llevar y proteger a su copiloto o a su grupo sin importar si son hombres o mujeres.

Llegar a este punto es un trabajo conjunto: de ellos, al saber que no son menos por ceder el mando; y de ellas, al saber que pueden tomarlo. Cuando llegas aquí, dejas de ver hombres o mujeres y solo ves cascos y motociclistas. Para mí, esta es la verdadera cima del motociclismo. No por nada nuestro símbolo es la calavera: un cráneo no tiene género, ni edad, ni color de piel o cilindrada. Ese es el clímax de nuestros valores; el punto donde el respeto es absoluto porque se basa en la capacidad.

Más allá del género: rompiendo el «no»

Al final, yo no solo represento a las mujeres en moto en la ruta, quiero representar a todos aquellos a los que el mundo les ha gritado que NO PUEDEN porque son mujeres, porque son hombres pero… «muy viejos», porque la moto es «muy alta», porque ya «tienen hijos» o porque son «muy bajitos». Muchos hombres en edad de jubilación me dicen que dejaron la moto porque les dijeron que ya no era tiempo para ellos. Se creyeron el «no» hasta que se les pasó la vida; pero hoy, con el dinero de su pensión, finalmente se compraron la moto y me cuentan que se sienten más llenos que nunca, lamentándose únicamente de haber hecho caso a tanto «NO» durante tanto tiempo.

No te hablo desde la cima del éxito absoluto; sigo aprendiendo día con día, y sí, también voy a seguir cayendo, pero algo he aprendido: nos dicen tantas veces que no podemos, que terminamos por creerlo. Ser princesa no te salva del asfalto; ante un accidente hombres y mujeres caemos igual. La verdadera libertad no es un derecho que se pide… es una responsabilidad que se construye kilómetro a kilómetro asumiendo tu propia carga y liderando tu propia vida.

Porque al final del día… #LaVidaEsDeQuienLaRueda

Comparte este artículo con ese amigo que sabe que La vida es de quien la rueda®.

Motociclista Jessie Biker en la ruta
Jessie Biker suzuki 650 vstrom

¡Hola, soy Jessie!
Diseñadora de día, motociclista de siempre. Documento mis viajes por México y América, probando motos, equipo y estilos de ruta. Este blog no solo trata de destinos, también encontrarás consejos, reseñas y anécdotas que ruedan contigo.

categorías

más populares

leer más

® Jessie Biker 2025 | Se prohibe la reproducción total o parcial, la marca y contenidos se encuentran protegidos ante el IMPI e Indautor.